EL CERRO DE LA PLAZA DE ARMAS DE PUENTE TABLAS

 

 

 

por los Drs. Arturo Ruiz Rodríguez y Manuel Molinos Molinos. © (por la trascripción: Carmen Torres Escobar,1999.)

 

 

Bibliografía:

Ruiz, A. y Molinos, M.

1985:"Informe preliminar de la campaña de excavación sistemática de 1985 en el Cerro de la Plaza de Armas (Puente Tablas, Jaén)". Anuario  Arqueológico de Andalucía, II.

1986: "Excavación arqueológica sistemática en Puente Tablas,  (Jaén)". Anuario  Arqueológico de Andalucía, II.

1990:"Informe de la Campaña de 1990 en el Cerro de la Plaza de Armas de Puente Tablas,  (Jaén)". Anuario  Arqueológico de Andalucía, II.

 

 El Cerro de la Plaza de Armas de Puente Tablas se encuentra situado en el término municipal de Jaén. Para el acceso, la carretera Jaén-Torrequebradilla queda a menos de 100 m del perímetro amurallado.

Desde un punto de vista geográfico, se localiza en la Campiña Oriental, dominando la fértil vega del Guadalbullón. Esta posición estratégica de proximidad a un río, tierras buenas para el cultivo y posibilidades de explotación de afloraciones mineras se articula con una excelente localización con respecto a las comunicaciones, ya que el Guadalbullón atraviesa toda la Campiña, conectando el Subbético con el río Guadalquivir.

La meseta que conforma el oppidum tiene un tamaño de unas 6 Has. La fortificación transcurre por tres de sus lados (Norte, Este y Sur), con una serie de torres -contrafuerte de estructura cuadrada o rectangular. La parte occidental no presenta elementos defensivos, ya que la propia estructura natural del cerro los hace innecesarios.

La visibilidad es muy notable, dominando buena parte de la Campiña Oriental, desde la Guardia (al Sur) al cerro de Villargordo (al NW). En dirección NE la visibilidad es menor, a causa de la presencia, en el entorno inmediato, del Cerro de San Juan de Dios, situado a 200 m., con una altura de 441 m frente a los 430 m de la Plaza de Armas.

El lugar fue descubierto a principios de los años 70 por un grupo de aficionados dirigidos por R. Espantaleón, erudito local vinculado al instituto de Estudios Giennenses. Fue expropiado por el Estado en 1976. En 1988 pasó a ser Zona arqueológica/ Bien de Interés Cultural, por resolución de 4 de Febrero de 1988. Las primeras campañas de excavación se realizaron entre 1982 y 1983, con la subvención de la Diputación Provincia] de Jaén, bajo la dirección del Dr. Arturo Ruiz Rodríguez y Dr.Manuel Molinos Molinos, campañas que pasaron a ser sistemáticas en 1985 al integrarse el estudio de este asentamiento dentro del proyecto de investigación sistemática "Poblamiento ibérico en la Campiña de Jaén" aprobado y subvencionado por la Junta de Andalucía.

Estas dos primeras campañas se centraron en la estratigrafía del asentamiento. En ese mismo año se continuó la fase estratigráfica (RUIZ Y MOLINOS, 1985). El planteamiento de la campaña de excavación de 1986, en el cerro de la Plaza de Armas de Puente Tablas,  se centró en el estudio de la estructura de fortificación, también con un objetivo estratigráfico (RUIZ Y MOLINOS, 1986).

En 1988 se terminó de cerrar la secuencia estratigráfica fuera y dentro del asentamiento, por lo que en la siguiente campaña (la de 1990) se programó experimentalmente la actuación de la investigación microespacial (RUIZ Y MOLINOS, 1989. b).

Hasta 1990 se han realizado seis campañas de excavación, que han puesto al descubierto unos 6.500 m' de restos arqueológicos.

La ocupación del cerro pasó por diversos momentos a lo largo del tiempo. Una primera ocupación se produjo durante el Bronce Final Reciente (aproximadamente, s.IX a.C.). Esta fase se documenta por igual a lo largo del asentamiento. En el s.VII a.C. se construyó la fortificación, y en el poblado se pasó de la casa circular a la cuadrada y compartimentada. En este momento se ocupó la parte principal de la meseta. Durante el siglo VI a.C., dentro ya del horizonte del Ibérico Antiguo, se produjo una reestructuración de la fortificación, mientras que en el interior del poblado se observan trazados de calles que seguían ya la misma dirección que en etapas posteriores. Esta fase, además, parece corresponder a un momento expansivo que tendió a ocupar gran parte de la meseta. La cultura material es ya toda a torno.

Entre el último cuarto del s.V y la primera mitad del s.IV (Ibérico Pleno), si bien se mantuvo el trazado interior del poblado, se observan modificaciones importantes en la estructura de las casas. En cuanto a la fortificación, muestra un cambio constructivo importante en algún bastión, y la retirada de las casas intramuros, es decir, apoyadas en la cara interior de la fortificación.

El asentamiento fue abandonado aproximadamente en la transición del s.IV al s.III a.C.). Es posible que sus habitantes se trasladaran al Cerro de Santa Catalina. El oppidum volvió a ser ocupado en ese mismo siglo, observándose pocas diferencias en cuanto a la estructura del mismo, aunque sí que se advierten cambios en la utilización de los espacios. En cuanto a la fortificación, se construyó una nueva, reutilizando la base de la anterior aunque con un concepto de la poliorcética diferente, ya que los nuevos bastiones eran de tamaño más reducido y la estructura en piedra dejaba observar pasillos internos. Las casas intramuros volvieron en esta fase.

Esta fase marca la última ocupación ibérica del cerro. Con posterioridad se ha documentado un momento de ocupación en época musulmana.

 

 


 

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