Asociación Amigos de los Iberos

Visita al Oppidum ibérico de Puente Tablas en las Jornadas Ibéricas de Castellar

Visita guiada y comentada por Manuel Molinos, del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica.

Trascripción y fotos de Mariano Muzas

21 de abril de 2001

En la foto la puerta del vallado que da entrada al oppidum de Puente Tablas. 

 

La visita al oppidum de la Plaza de las Armas estuvo guiada por Manuel Molinos, que realizo unas explicaciones muy amenas y que fueron frecuentemente interrumpidas por las preguntas de los viajeros venidos en autobús desde Castellar y de Linares, a estos últimos los  recogimos en la parada que se hizo en la bella Cástulo, amén de los que en coche particular se acercaron desde otras ciudades, como así ocurrió con los venidos de la cercana Jaén. 

 

 Primera toma de contacto nada más traspasar la puerta del recinto. Ya Manolo se multiplicaba  por dos para hacernos la visita lo más agradable posible. A la izquierda la valla con las construcciones ilegales, levantadas en los últimos meses, tomando como valla la del propio yacimiento arqueológico.

 

 Puente Tablas es un oppidum, una  ciudad aristocrática de príncipes ibéricos, de la mitad del siglo VII a.C., dentro de un territorio amplio. Encontramos en ella una alta muralla y una ciudad, más un palacio de un personaje aristocrático. La muralla es suma de una sucesión de fortificaciones, con una ciudad que posee un urbanismo descubierto gracias a los análisis eléctricos y magnéticos. 

El lugar, geológicamente del triásico, tiene multitud de recursos aún sin tener condiciones para la agricultura en un terreno improductivo de suelos muy malos, con yacimientos de yeso y sal en explotación por los iberos aquí y en el cerro que tenemos enfrente de San Juan de Dios donde se obtuvo el material para la muralla. El agua es buenísima, de la fuente del Realejo ya lo dice el dicho popular “El agua del Realejo, para agua mejor que el vino añejo”. 

El nombre de Tablas viene aparte, de un puente viejo de tablas, de las tablas de aguas que en abundancia existían. Desde la lejanía divisamos Puente Tablas como un solo cerro cuando en realidad son dos cerros, con una vaguada en medio, que al erosionarse la muralla se ha colmatado  de sedimentos que han unido los dos cerros.

 

 

La segunda parada la realizamos frente a la muralla, que apareció, ante nuestros ojos con sus más de ocho metros de alto, como de sorpresa, al remontar un pequeño altozano que nos la ocultaba. 

La muralla en su lado izquierdo se confunde en su base con el terreno, no obstante se puede observar en la foto que en dicho lado la muralla esta recortada al pie del precipicio, para hacer posible el paso de los tractores que transportan la tierra de las excavaciones. Presenta tres torres, de mayor dimensión la central objeto de las explicaciones de Manuel Molinos en el texto del reportaje

 

La muralla es de varias épocas, se empieza a construir junto a las torres en el siglo VII a.C. En el V a.C. se repara la torre central o bastión que es de bloques más grandes, que encamisa la torre más antigua del siglo VII a.C. Desde la parte superior de la muralla a la base hay ocho metros de caída, siendo la cresta del siglo III a.C. 

La construcción comienza con un muro o lienzo de las fortificaciones que se adapta al terreno, después se construyen las torres o contrafuerte, para reforzar la muralla y con un fin también militar ya que al adelantarse la torre a la muralla, presenta dos flancos laterales desde los que se facilita la vista para la defensa. 

La torre central que desde lejos parece escalonada, es cuadrada y  con los muros aplomados y los laterales en pendiente o talud, que es como una segunda camisa que le da consistencia. La visión de la muralla no es como se ve actualmente si no que se hallaba encalada y enlucida de blanco en el siglo V a.C., y pintada de rojo-vinoso en el VII. El remate es de adobe, lo que aparece lógico al ser este remate más fácil que si fuera de piedra.

 

Manuel Molinos esta de pie justo en el extremo oeste roto por una excavadora y que permite, por el camino abierto donde se encuentran los visitantes, la evacuación de los materiales procedentes de la excavación. 

Los espectadores de la anterior foto contemplaban esta vista: El cuadrado blanco es el lugar sobre el que Manolo se encontraba en dicha fotografía

 

 

La ciudad parece trazada con escuadra y cartabón, de calles perpendiculares y de estado muy bien conservada. Habitada por poco más de mil habitantes, esta constituida por casa iguales de 5 m. de ancho por 14 m. de fondo, siendo las mayores de igual módulo con el añadido de una habitación. Las familias aunque tuvieran  catorce o más alumbramientos, que no prosperaban en edad adulta más de tres o cuatro, siendo la esperanza de vida de 25 años para los varones y bastante menos para las hembras. 

Al estar el terreno en pendiente, las primeras casa que entrevemos, que solo pisó Manuel Molinos, se hallan por debajo de la calle por lo que su acceso se hace mediante una escalera. Entre casa y casa hay un doble muro, ya que cada vivienda es un módulo independiente que se edifica al completo e independiente de la siguiente casa. En la foto siguiente Manolo Molinos señala la dirección de la calle, paralela al sendero, y que estaría situada en un nivel superior a las viviendas.

Al traspasar la entrada vemos un patio enlosado y parcialmente estaría cubierto, con un pesebre y a continuación la cocina. En el otro lateral del patio la zona masculina o gineceo donde el hombre de la casa recibía a sus iguales haciendo lo que ahora en Jaén llamamos la “liga” invitándoles al vino de su cosecha privada. En el centro Manolo nos hace  la observación de la existencia de una piedra  que conserva la huella de un pilar para sostener el segundo piso, con refuerzos en cada esquina. En la foto siguiente, en el momento de señalar la piedra del pilar, Manolo se encuentra situado en la casa del vecino que da a la otra calle, concretamente en su patio fronterizo con la primera vivienda 

Bordeando la urbanización Manolo Molinos nos invita a pasar a la siguiente calle, donde nos enseña un segundo módulo de casa adosado al que hemos descrito anteriormente que tiene el patio al fondo para dar luz a la casa anterior a ella adosada: Precisamente en la foto anterior Manolo esta en el mencionado patio

La vid era escasa y de los aristócratas, al igual que el olivo se encontrarían dos o tres ejemplares aislados conviviendo con el cereal que es mayoría en el paisaje ibero y en su dieta; de la que hay que eliminar el tomate, el pepino, la patata y si habría algo de guisantes; la carne era de cordero, cerdo y  pollos que se encontraban en las cochiqueras de cada casa. 

Toda la vida se hace en el patio semicubierto, con un área de drenaje para recoger el agua y varios hogares, uno principal y otros destinados a calentar la(s) piedra(s) que envueltas en tela servirían para calentar los lechos.

 

 Una tercera vivienda (en la foto) muestra un mayor tamaño al tener adosada un segundo módulo de 3 x 14 metros y una escalera que conduce a la segunda planta para almacenar el grano. En la foto anterior Manuel Molinos contemplando el arranque de dicha escalera. La casa tiene un curioso androceo donde recibir el varón a los amigos, con una segunda puerta falsa que hace que el jefe de la casa haga su vida independiente, en una sociedad machista en la que la casa es por antonomasia femenina.

 

21  de abril de 2001

 

JORNADAS IBÉRICAS

 La presentación en  Castellar  y  en  Jaén

Viajamos desde Castellar a Cástulo:

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  Premios Ideales de Jaén 2000 

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Toda la  polémica del Museo en documentos El acuerdo del Museo, 24-1-2001, en la prensa  Viaje al tiempo de los Iberos Principales yacimientos

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