Asociación Amigos de los Iberos

Visita al Museo Provincial de Jaén en las Jornadas Ibéricas de Castellar

Visita guiada y comentada por Pedro Molina, conservador del Museo.

Trascripción y fotos de Mariano Muzas

21 de abril de 2001

En la foto la rueda de carro de la cámara sepulcral de Toya (Peal de Becerro). 

 

La visita al Museo Provincial se inicia nada más traspasar la entrada con la reconstrucción del Santuario del Pajarillo que nos narra Manuel Molinos, “padre de la criatura”, en acertada frase de Pilar Palazón. Continuando al hilo de sus explicaciones conocemos que el santuario de Castellar es el final de un proceso que se inicia en el primer santuario heroico, santuario de un príncipe, en contraste con el santuario étnico  de Castellar.

 En primer termino el lago simbolizado por el espejo que refleja el monumento al héroe

 

La historia se inicia cuando el príncipe del oppidum de Úbeda la Vieja inicia un programa de expansión, realizando diferentes asentamientos a lo largo del curso del río Jandulilla, culminado con el monumento al héroe antepasado del fundador del linaje de los príncipes a finales del siglo V a.C. y principios del IV. El monumento esta compuesto por leones y grifos junto a la figura del héroe que lucha con el lobo, que representa lo salvaje y lo desconocido y que ha secuestrado a un joven que se presenta indefenso. Esta situado sobre una torre, en una zona de inundaciones, que lo hacen situar detrás de unos lagos jalonados con fuegos, que representan los sacrificios rituales en reconocimiento al héroe.

 

El monumento en su composición central: Héroe al fondo, victima y lobo 

 

El escultor, un artista excepcional, realiza una bella escultura en el héroe que se dispone a desenvainar la espada o falcata, escondida bajo su amplio manto, para asestar un golpe mortal al lobo que ha secuestrado a un individuo joven e indefenso. Todas las esculturas masculinas dan sensación de poder, acompañadas por los leones que flanquean la entrada dando protección al héroe y dos grifos, con cabeza de león y pico de rapaz, como símbolo de poder del héroe.

 

Parte posterior del conjunto 

 

La visita al museo continuó con Pedro Molina, conservador del museo, que nos ha explicado las vitrinas de cerámica ibérica, las de monedas y exvotos, para terminar con una pequeña sala de arte ibero de diferentes épocas; ya fuera del edificio principal visitaríamos el Conjunto Escultórico de Cerrillo Blanco. 

Reconocemos la labor del alfarero en la cerámica ibérica, realizada por primera vez con el torno, para lograr una decoración geométrica en contraste, continua Pedro Molina, con la de Levante que es figurada de personas y animales. A las labores locales acompañan en los enterramientos, como parte del ajuar, la cerámica traída de Grecia.

 

En las urnas funerarias observamos los restos de huesos y de pino quemado resultantes de la cremación del fallecido que se hacía acompañar con su ajuar, como un bello casco y una falcata, dañados por el fuego ritual, cerámica roja griega (producto de los intercambios económicos) utilizada en los rituales funerarios, como la cratera o urna funeraria y killis.

 

 

En la vitrina de monedas admiramos monedas de las cuatro cecas o casas de acuñación: Obulco (Porcuna), Bora (Alcaudete), Cástulo (Linares) e Iliturgi (Mengibar-Villagordo), esta última no confundir con Isturgi o Andujar. Las monedas de Obulco con cara y en la opuesta motivos, como el arado, la espiga y el toro que nos hablan de una economía agrícola-ganadera en contraste con las de Cástulo en que aparecen grifos, símbolo del poder como corresponde a una economía minera.

 En la vitrina de los exvotos de Santa Elena y de Castellar, bien conocidos por los visitantes castellariegos Manolo nos relata la ceremonia de aparición del gran sacedote/isa en la fiesta del solsticio, en el que los rayos de sol entraban por el hueco practicado en la parte superior de la cueva, que iluminarían al celebrante ante la sorpresa y miedo del pueblo. En la salita última contemplamos urnas funerarias con el motivo del lobo como símbolo protector del alma del difunto y la escultura funeraria del oso protector.

 

Parte central de la vitrina de los exvotos de Los Altos del Sotillo en Castellar, y Santa Elena. 

 

Sala del Conjunto escultórico de Cerrillo Blanco (Obulco, actual Porcuna). En primer término guerrero a caballo lanceando al vencido en el suelo; al fondo la única cabeza de guerrero intacta

En la sala de Obulco, visitamos el Conjunto escultórico del siglo V a.C., levantado en honor de un príncipe vencedor que resulta derrotado y enterradas los miles de fragmentos de cincuenta y tantas esculturas en el mismo lugar que dos siglos antes habían sido incinerados en la necrópolis los antepasados. Se fracturaban las esculturas, sobre todo las caras, para evitar que los vencedores profanaran las almas de los vencidos. Aquí contemplaremos no una excepcional escultura, como es el caso de la Dama de Elche o de la de Baza, sino decenas de bellas esculturas todas ellas reunidas para festejar a una familia reinante de aristócratas.

 

Una vez dentro de la sala Pedro Molina nos va descubriendo los secretos de cada escultura, recordemos la del guerrero a caballo, lanceando al derrotado enemigo en el suelo, que es atravesada su cara por la lanza del jinete al tiempo que su caballo pisa el brazo y el escudo del derrotado. Nos paramos ante la única cabeza completa, que se ha restaurado uniéndola con el busto, utilizando un vástago de hierro inoxidable en una restauración de las de tipo reversible ante la posibilidad de completarla con los cientos de fragmentos aún por recuperar que existen en los sótanos del museo.

 

 

21  de abril de 2001

 

JORNADAS IBÉRICAS

 La presentación en  Castellar  y  en  Jaén

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