El descubrimiento ibero

por Ignacio Frías, del diario Jaén

 

Conjunto escultorico (garras de carnivoro y cabeza de lobo) en el momento de su descubrimiento

Conjunto escultorico (garras de carnivoro y cabeza de lobo) en el momento de su descubrimiento

 

Un buen día de enero de 1993, el agricultor José García, del municipio  jiennese de Huelma estaba labrando sus olivos en el paraje que los lugareños conocen como Cerro del Pajarillo una loma situada en una vaguada, salpicada de olivar, monte bajo y restos más o menos homogéneos de bosque mediterráneo, por la que discurre una vieja carretera trazada sobre un sendero milenario que en otros tiempos conectaba esa zona de lo que hoy es Jaén, con la provincia de Granada.

Ese día de invierno y escarcha, José García notó que la reja de su tractor había arrancado del suelo arcilloso una piedra de tamaño considerable dejando porte de ella al descubierto. José García se bajó de su tractor y comprobó que la parte que asomaba de a piedra mostraba rasgos como de una escultura. Interesado por el hallazgo desenterró el resto de la piedra y comprobó que tenía forma de un león echado a tamaño real de lo que   puede ser un león.

Junto a esa escultura apareció la forma de otro león en posición de estar también echado y más tarde sacó de la tierra, en el mismo hoyo, la escultura de un guerrero en posición erguido y en actitud defensiva, con la mano derecha empuñando una espada a medio sacar, concretamente una falcata, el arma característica de los iberos, ese pueblo del que su cultura  que tomo su nombre la Península Ibérica, y el brazo izquierdo ligeramente colocado hacia adelante, envuelto totalmente con su manto, en una pose que recuerda bastante a las riñas de la calle en las que los contendientes se lían en el brazo una chaqueta, una capa u otra prenda a modo de escudo para recoger los cuchilladas del contrarío y evitar que encuentren la carne.

El guerrero estaba vestido con una especie de túnica corta que apenas le sobrepasaba las ingles, ceñido con un cinturón, y con los pies calzados y amarrados hasta la caña de las pantorrillas con correos. En la figura del guerrero destacan la elegancia y suavidad de líneas y en conjunto, una singularidad expresiva. Pero con el  no quedó todo. El  dio parte a las autoridades de lo que había encontrado en su finca y no tardo el olivar en ponerse patas por hombro, en una investigación de urgencia. A él llegaron tres expertos arqueólogos en cultura ibérica y sus trabajos de excavación no tardaron en dar nuevos fruto. En el Cerro del Pajarillo se encontró una cabeza de lobo de las que más tarde aparecieron sus garras o manos y parte de su cuerpo, otra figura humana de tamaño mucho más reducida que la del guerrero, algo menor que el de una persona adulta, y distintos fragmentos de otras piezas.

Las excavaciones arqueológicas pusieron al descubierto lo que debió ser una fachada en piedra de un  magnifico edificio, un opidum escalonado, en cuya cornisa superior debieron estar colocadas en su día las esculturas representado una escena con el héroe o guerrero como figura central. Todo ello, lo interpretan los expertos como un santuario, en cuyo interior estaba la vivienda de un aristócrata y su servidumbre. Todo el conjunto se considera como el más excepcional de los hallados hasta el momento, ya que, por estar todo él integrado y conservado, está permitiendo conocer aspectos novedosos e inéditos de la cultura ibérica.

Tras las primeras investigaciones y tomas de datos, el conjunto ibérico del Cerro del Pajarillo volvió a ser enterrado convenientemente protegido, para que en un futuro, próximo o lejano, pueda ser puesto en valor y formar porte e unos de los más interesantes atractivos turísticos de la provincia de Jaén, como es la cultura ibérica, de la que sin duda hoy, es el máximo exponente. Las piezas escultóricas fueron trasladadas al Museo Provincial de Jaén donde, tras ser restauradas y consolidados, formaron porte de la exposición  "Los iberos Príncipes de Occidente" que se mostró en París, Barcelona y Bonn, donde la cabeza de lobo ilustró los carteles de la muestra, junto otra figura emblemático, también hallada en la provincia de Jaén, la cabeza del guerrero de Cerrillo Blanco de Porcuna.

El conjunto escultórico del Cerro del Pajarillo junto con el de Cerrillo Blanco, y otras piezas halladas en otros puntos de la provincia de Jaén, constituyen el mayor exponente de la cultura ibérica que existe hasta el día de hoy. Su puesta en valor y exhibición al público está considerada como uno de los mayores atractivos turísticos que ofrece la provincia de Jaén, cuyo subsuelo sigue guardando y conservando, como si de una gran biblioteca se tratase, muchas y muy gratas sorpresas de todos los periodos de la humanidad, desde los inicios de la prehistoria hasta la Edad Contemporánea.

 

 

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