Índice
1. SITUACIÓN ACTUAL
2. TIPOS DE INTERVENCIONES E
IMPLICADOS
3. EL COMERCIO DE BIENES ARQUEOLÓGICOS
4. OTROS TIPOS DE EXPOLIOS
1. SITUACIÓN ACTUAL
El número de expolios
arqueológicos cometidos anualmente en nuestro país es imposible de
determinar, ya que únicamente tenemos datos de los descubiertos
por las Fuerzas de Seguridad, generalmente al sorprender in
fraganti al saqueador en el yacimiento en su tarea de búsqueda
clandestina, o bien porque el expolio se lleve a cabo en un
yacimiento que se encuentra en proceso de excavación autorizada.
Por tanto, los datos que se van a exponer en este informe son únicamente de los denunciados por
las distintas Unidades de la Guardia Civil.
Se incluyen las actuaciones
llevadas a cabo en los últimos cuatro años, contabilizando tanto
los ilícitos administrativos como penales, donde hasta el año
2.000 se puede observar un continuo incremento en el número de
intervenciones. Este aumento puede deberse, más que a un aumento
en el número de expolios, a un conjunto de circunstancias entre
las que hay que destacar una mejora en la formación de las
distintas Unidades, sobre todo a través de cursos impartidos por
las distintas Administraciones, la experiencia adquirida por los
agentes que trabajan sobre el terreno, así como una clarificación
en las normas y procedimientos legales por parte de las
Administraciones Autónomas.
En una comparativa por
Comunidades Autónomas en el mismo periodo de tiempo se
observa una enorme diferencia en el número de actuaciones
realizadas en Andalucía, con respecto al resto de Comunidades,
que se puede explicar por una serie de circunstancias como son que
es la segunda Comunidad con mayor extensión territorial; su gran
riqueza de yacimientos arqueológicos; existencia de grupos
relativamente organizados dedicados al expolio de yacimientos; y a
una gran concienciación de la Administración Autonómica ante
este problema. Todo esto sumado hace que se produzca esta gran
diferencia, ya que en esta Comunidad se llevan a cabo algo más de
la mitad del total de intervenciones.
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2. TIPOS DE INTERVENCIONES E
IMPLICADOS
Se puede realizar la siguiente clasificación de las
actividades ilícitas denunciadas:
-
Uso de detectores de metales en zonas arqueológicas
y prospecciones ilegales. Constituyen un 75% del total de
actuaciones, afectando a casi todas las Comunidades.
-
Daños en yacimientos arqueológicos, calzadas
romanas, edificios protegidos, etc, mediante la realización
de obras para la construcción de edificios o vías de
comunicación; colocación de antenas de telefonía móvil;
vertido de basuras. Suponen un 14% del total y afectan
principalmente a zonas turísticas o con alta densidad de
población, donde se realizan muchas obras.
-
Tenencia de objetos arqueológicos procedentes
de expolio, para destinarlos al comercio ilícito, o bien para
disfrute personal.
-
Expolio de yacimientos paleontológicos.
-
Expolio de yacimientos subacuáticos.
-
Expolio de pinturas rupestres en cuevas
protegidas.
Con respecto a los implicados en estas actividades
ilícitas, en primer lugar se puede realizar una división clara
entre Instituciones, Entidades Privadas y Particulares. La mayor
parte de las Instituciones son Ayuntamientos y en menor medida
Confederaciones Hidrográficas, siendo las infracciones cometidas
obras y daños en yacimientos arqueológicos. En cuanto a las
Entidades Privadas son sobre todo empresas que trabajan en el
sector de la construcción, de la extracción de materiales para
estas empresas (canteras) y últimamente de compañías de Telefonía
Móvil que provocan daños a yacimientos en el proceso de colocación
de repetidores; luego también se encuentran Clubes Náuticos,
Comunidades de Montes y Sociedades Deportivas, siendo las
infracciones cometidas las mismas que las Instituciones. Respecto
a los particulares es necesario un tratamiento más en
profundidad, por lo que se hablará de éstos a continuación.
Infractores particulares de la legislación sobre
Patrimonio Arqueológico
Prácticamente la totalidad de las infracciones,
penales o administrativas, por uso de detectores de metales y
prospecciones ilícitas son cometidas por personas físicas,
aunque también los particulares reciben bastantes denuncias por
daños y obras ilegales.
Aproximadamente un 30% del total de las infracciones
cometidas por particulares son realizadas por reincidentes, es
decir, por personas con más de una denuncia, llegando en algunos
casos a seis denuncias en el periodo de cuatro años estudiado.
Esta persistencia nos da idea de una cierta organización.
Respecto a la procedencia de las personas
reincidentes, son sobre todo de las provincias de Córdoba, Jaén
y Sevilla. La mayoría de ellos circunscriben su actuación a su
provincia de residencia, aunque en ocasiones extienden su
actividad a las limítrofes, no obstante, hay varios grupos que
extienden su radio de acción a puntos bastante lejanos,
concretamente a Palencia, Teruel, Soria y Ávila.
Habitualmente, cuando las Fuerzas de Seguridad
sorprenden a estos individuos en el yacimiento, tanto a los
reincidentes como a los ocasionales, en plena faena de búsqueda
de objetos arqueológicos suelen tener consigo pocos materiales,
siendo la mayoría de ellos restos metálicos (monedas, hebillas,
anillos, fíbulas, botones, plomos, puntas de flecha, etc), aunque
en casos excepcionales se han intervenido algunas vasijas,
mosaicos, lucernas y ungüentarios.
Las intervenciones importantes de material arqueológico
requieren de una investigación policial más o menos larga, que
suele culminar con un registro en domicilio y, a veces, almacenes
de los investigados, siendo frecuente en estos casos, la aprehensión
de varios miles de objetos entre monedas, exvotos, fíbulas,
elementos líticos, cerámicas, etc; e intervención de mapas y
planos con localización de yacimientos.
Del análisis de los datos de las intervenciones
realizadas por la Guardia Civil, se pueden establecer tres tipos
principales y claramente diferenciados de expoliadores de
yacimientos arqueológicos, también conocidos por furtivos o
clandestinos:
Los ocasionales son aficionados que buscan restos
arqueológicos en sus horas de ocio normalmente para su colección
particular, empleando para ello medios rudimentarios. No buscan
lucrarse, atesoran, venden o intercambian lo hallado y pueden
llegar a mantener contactos puntuales con una red de traficantes.
Generalmente cuando son sorprendidos por las Fuerzas de Seguridad
no vuelven a reincidir.
Los habituales presentan las siguientes características:
-
Se mueven únicamente por motivos económicos y
están dedicados totalmente a esta actividad, por lo que
siguen actuando aunque se les denuncie por estos hechos.
-
Actúan en amplias zonas, moviéndose en grupos
de entre 2 a 4 individuos. Disponen para ello de vehículos
todo terreno que les permiten llegar a yacimientos de difícil
acceso.
-
Realizan excavaciones profundas y por tanto son
los que causan los mayores daños. Trabajan en ocasiones,
durante la noche para conseguir una mayor impunidad.
-
En los registros que se realizan en sus
domicilios, suele encontrarse material arqueológico,
productos químicos para la limpieza de los restos metálicos
hallados, planos de yacimientos, facturas de venta, fotografías
de efectos expoliados y en alguna ocasión diario de
excavaciones, así como el omnipresente detector de metales.
-
Están integrados dentro de una red, lo que les
permite intercambiar experiencias, materiales y conocer los
circuitos de comercialización más adecuados.
-
Sus edades oscilan entre los 35 y los 45 años,
aunque a veces suelen ir acompañados por algún miembro joven
de la familia.
Se ha dado algún caso de que algunos de estos
individuos realicen donaciones a museos de piezas menores, con la
finalidad de obtener alguna carta de agradecimiento o de aceptación
de la entrega, para poder utilizarla como medio de engaño cuando
sean sorprendidos in fraganti en su actividad expoliadora. En
alguna de estas ocasiones, las piezas son aceptados por el museo
para evitar que caigan en otras manos, aunque las personas que lo
entregan no puedan acreditar su procedencia legal. Normalmente se
trata de museos de carácter local y cada vez se dan con menos
frecuencia estas situaciones.
Y por último nos encontrarnos con los llamados
eruditos locales que son aficionados a la arqueología que movidos
por su afición a la historia o a la cultura, se dedican a la búsqueda
de este tipo de objetos, sin las autorizaciones correspondientes y
con total desconocimiento de las técnicas de excavación
actuales, erigiéndose en supuestos salvadores de la cultura
local, llegando, en ocasiones, a acumular importantes colecciones.
Igualmente existen diversos colectivos de aficionados a la
Arqueología que plantean la misma problemática que los eruditos
locales, siendo su intención real o supuesta la creación de un
museo arqueológico o centro cultural en el pueblo donde tiene su
sede el colectivo.
Como se ha visto por los datos estadísticos
aportados anteriormente, el detector de metales es la herramienta
fundamental para los furtivos, pudiéndose encontrar de muchas
clases y precios. En España su venta es libre y por tanto también
su tenencia y respecto a su uso, tanto los vendedores como sus
propietarios aducen que su empleo es únicamente para la búsqueda
de minerales, sin embargo la realidad es que se usan para el
expolio de yacimientos arqueológicos.
Para la defensa de sus intereses, estos usuarios del
detector han constituido diversas Asociaciones de detectoristas,
en cuyos estatutos establecen que sus miembros son aficionados únicamente
a la búsqueda de minerales y que su código ético les obliga a
que en el caso de localizar objetos de interés arqueológico
deberán entregarlos a las Autoridades. Bastantes expoliadores
sorprendidos "in fraganti" exhiben unos carnets de
miembros de alguna asociación de este tipo con el que pretenden
justificar su actividad, que por supuesto no tiene ninguna validez
para amparar esta conducta.
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3. EL COMERCIO DE BIENES ARQUEOLÓGICOS
En España, para considerar lícito el comercio de
piezas arqueológicas, éstas deben proceder de colecciones
legales o bien demostrar su adquisición legal, que podrá ser a
través de compras en el extranjero, con sus correspondientes
documentos de importación, o bien, adquiridas en comercios
legales del territorio nacional, debiendo tener en este último
caso sus oportunas facturas. El comercio legal se canaliza a través
de establecimientos de numismática o de material arqueológico,
los cuales tienen la obligación de llevar un libro de policía,
donde tendrán que reflejar detalladamente todas las piezas que se
encuentren en el comercio. Además, en las grandes ciudades como
Madrid, Barcelona y Sevilla, periódicamente se celebran unas
Convenciones, que son unas reuniones que tienen lugar
habitualmente en hoteles y en las cuales se comercia con esta
clase de objetos.
Sin embargo, al lado de este mercado lícito florece
el ilícito. Las piezas más importantes son vendidas directamente
a coleccionistas privados que suelen ser personas con una posición
social y económica alta o media-alta, los cuales son conocidos
por los furtivos de anteriores ventas. En cambio, las de menor
calidad se distribuyen en ciertas poblaciones cercanas a los
centros de expolio, concretamente en determinados puntos de reunión,
que suelen ser bares, donde se trafica con este material, o bien,
en mercadillos de grandes ciudades. La forma de realizar las
ventas en estos bares o mercadillos, depende en gran medida de la
presión policial existente sobre este comercio ilícito, pudiendo
realizarse abiertamente a la vista de todo el mundo o de forma
clandestina, ocultando las piezas en bolsas debajo del expositor,
vehículos estacionados en los alrededores o en manos de cómplices
que se encuentran en las cercanías del lugar.
Hay que tener en cuenta también que el comercio lícito
se puede utilizar para encubrir el ilícito, mediante la venta en
establecimientos legales de piezas procedentes de expolio o con la
falsificación de facturas, todo ello con o sin conocimiento del
comerciante.
Por otra parte, se tiene la convicción de que
existe un comercio ilícito internacional de objetos arqueológicos,
por la aparición de piezas, aparentemente de origen español, en
Salas de Subasta internacionales. Se ha detectado que piezas
expoliadas en España, salen ilícitamente del país y después
vuelven amparadas por una factura de compra, con lo que consiguen
encubrir su procedencia real.
Aunque se han descubierto anuncios en prensa
ofreciendo materiales arqueológicos, la forma más novedosa de
comercio ilícito de bienes arqueológicos que se ha detectado últimamente
es el realizado a través de Internet. Cada vez están apareciendo
más hechos con esta forma de comercialización, sin embargo,
hasta la fecha el caso más importante corresponde a una operación
policial llevada a cabo por la Guardia Civil en el mes de septiembre
de 1.999, en la que se desarticuló un grupo dedicado al
expolio arqueológico y a su posterior exportación ilícita hacia
otros países, mediante subastas por INTERNET y en la que se
intervinieron más de 9.000 piezas arqueológicas pertenecientes
al Patrimonio Histórico Español, con detención de tres personas
e intervención de planos arqueológicos, detectores de metales,
material informático, registros contables y correspondencia con
multitud de compradores. El principal acusado venía actuando
desde 1.997 y la mayoría de los envíos se realizaban a U.S.A.,
aunque también comerciaba con Australia, Canadá, Alemania,
Francia, Portugal, etc,.
Por otra parte, según nuestra experiencia, la
relación del tráfico ilícito de obras de arte con el de
materiales arqueológicos no suele ser muy estrecha, siendo los
autores de estos hechos, los canales de distribución y
destinatarios finales distintos entre sí. No obstante, por su
relevancia se puede mencionar la sustracción de una gran cantidad
de materiales del Museo de Arqueología de Cataluña, hecho
descubierto a mediados del pasado año, aunque cometidos a lo
largo de varios años antes. Finalmente, la Guardia Civil consiguió
recuperar más de 4.000 piezas arqueológicas y 150 grabados también
sustraídos de la biblioteca del centro, habiendo resultado
detenido un antiguo responsable de los fondos del museo y un
anticuario de Barcelona.
Otro aspecto a tener en cuenta es el de las
falsificaciones de objetos arqueológicos, modalidad delictiva que
se está incrementando últimamente de forma considerable, debido
a los importantes beneficios económicos generados por esta
actividad. Propiamente no se trata de un expolio y no causa daños
al Patrimonio Arqueológico, sino que es una estafa, sin embargo,
se debe tener en cuenta la existencia de este fenómeno, ya que
podrá darse el caso de intervenir una pieza que aparentemente
pueda tratarse de un original y posteriormente, tras un análisis
a cargo de especialistas se vea que es una falsificación.
Respecto a la elaboración de estas piezas falsificadas, se han
detectado dos modalidades, la primera es aquella que ya desde su
inicio tiene una finalidad claramente ilícita y por eso, tras la
fabricación se somete a la pieza a un proceso de envejecimiento
con productos químicos y se las mantiene enterradas en tierra o
sumergidas en el agua durante un periodo de tiempo; y la segunda
es la adquisición de la pieza en uno de los talleres que existen
en España dedicados a la reproducción de objetos arqueológicos
y a continuación tratar de hacerla pasar por original empleando
el engaño.
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4. OTROS TIPOS DE EXPOLIOS
Un tipo especial de expolio arqueológico es el
realizado en yacimientos subacuáticos. Las costas españolas están
sufriendo un formidable saqueo por múltiples causas, entre las
que cabe citar el intenso turismo, la popularización del buceo
deportivo, la mejora en los materiales de exploración submarina,
etc. En muchas zonas de este mar, y favorecidos por la buena
climatología, muchos de turistas localizan y extraen materiales
con gran facilidad y casi siempre con total impunidad, debido a la
enorme dificultad de vigilar el mar.
Las zonas más afectadas por estos expolios son las
costas de Levante, el sur de la península, la costa Catalana y el
litoral Gallego. Los casos detectados corresponden en primer lugar
a descubrimientos accidentales de pescadores y buceadores
deportivos que se quedan para sí los objetos que encuentran o
bien los depositan en clubes Náuticos o de buceo, y en segundo
lugar, a buceadores dedicados a la búsqueda ilícita de estos
materiales para comercializarlos. Los objetos más habituales que
se sustraen son cepos romanos, ánforas, anclas y cañones.
Otra forma de expolio subacuático es el llevado a
cabo por compañías extranjeras, que disponen de buques con
medios sofisticados para extraer los materiales arqueológicos del
fondo del mar, en ocasiones situados a grandes profundidades y de
gran peso, actuando sobre pecios situados a cierta distancia de la
costa. Los materiales obtenidos son vendidos posteriormente, a
través de los canales internacionales de compraventa de arte. En
España ha habido algún caso en las costas gallegas, donde
emplearon como cobertura la extracción de estaño de un buque
situado en las proximidades del pecio expoliado.
En cuanto al expolio del arte rupestre, se han
detectado dos tipos de conductas diferenciadas, por un lado los daños
producidos por conductas vandálicas y por otro lado, la sustracción
de las pinturas. Respecto a estos últimos sucesos se han
detectado dos formas de comisión, la primera mediante el empleo
de medios sofisticados que facilitan el arrancamiento del soporte
donde están las pinturas rupestres y la segunda perpetrada de una
forma más burda en la que dañan varias figuras antes de
conseguir arrancar alguna. Los sistemas empleados para proteger
estos lugares son de poca eficacia, ya que se suelen limitar a
unos barrotes de hierro con un candado, que son unos elementos muy
fáciles de forzar.
En numerosos puntos del territorio nacional, sobre
todo en provincias del norte, se están produciendo últimamente
bastantes intervenciones por expolio del Patrimonio Paleontológico,
y un porcentaje bastante elevado de estos hechos son cometidos por
ciudadanos extranjeros, procedentes de los países europeos más
cercanos a nosotros.