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Pienso que se
sigue ocultando en España los hallazgos, cosa que no ocurre en otros paises
como Inglaterra, debido a las leyes que aquí penalizan una afición. Es por lo
que creo que una excelente idea para remediar lo anterior es enviar de forma
anónima a la institución correspondiente, fotos de los hallazgos de objetos
antiguos junto con la localización más aproximada posible, ya que si, tal y
como se encargan de decir una y otra vez los arqueólogos, lo primero que les
interesa es la información histórica que una determinada pieza pueda aportar
y no la pieza en sí.
Pues con esto queda el terreno delimitado
y todos tan contentos: La pieza para el que la encuentra y la información
para los arqueólogos.
Creo que junto a las fotos y a la localización del
hallazgo, se debería adjuntar una carta explicativa argumentando los motivos
por los cuales nos vemos obligados a guardar el anonimato y reivindicando el
derecho de ejercer nuestra afición libremente.
Es cierto que determinadas piezas que se
pueden encontrar con los detectores y debido a su valor intrínseco (además
del histórico) seguramente pueden tener mejor destino que el ser admiradas
en una vitrina casera por un reducido número de visitas, pero también no es
menos cierto que si en España hubiera una legislación efectiva (la ley
existe, pero no la voluntad para su cumplimiento efectivo) que contemplase
la fórmula de la compensación material al autor casual de los hallazgos
arqueológicos tal y como sucede en muchos otros países, las cosas serían
diferentes.
Sirva de ejemplo lo sucedido a unos chicos
ingleses. Su gobierno les había indemnizado con una millonada por haber
encontrado con un detector de principiante, una empuñadura de espada celta
de oro con incrustaciones. Si aquí a alguien le ocurriese lo mismo y fuese
con toda su buena intención a declarar el hallazgo, la pieza le sería
confiscada de inmediato, no percibiría ni un duro de indemnización por su
hallazgo y correría el riesgo más que probable de ser denunciado por atentar
contra el patrimonio histórico.
Es evidente que al detectoaficionado se
le debe exigir un código ético de conducta al igual que se le exige al
automovilista, al excursionista, al cazador, al usuario de los transportes
públicos y a tantos otros colectivos. Un código por otra parte que entra
dentro del más elemental sentido de la responsabilidad, la lógica y el
respeto hacia los demás.
Todos sabemos que está prohibido usar
un detector en un yacimiento arqueológico. Aún así hay mucha gente que lo
hace y que lo seguirá haciendo. Pero no por ello se nos ha de medir a todos
los aficionados por el mismo rasero, al igual que por el hecho de que haya
subnormales capaces de encender un fuego en el monte para asar unas
chuletitas, que acaban provocando un incendio forestal, se debe considerar a
todos los excursionistas como pirómanos en potencia.
Es muy frecuente combatir la falta de
cultura, sobre todo la incultura social y medioambiental, con medidas
prohibitivas cuando no represivas, y es por ello que de seguir las cosas
así, no veo lejano el día en que la venta, tenencia y uso de detectores de
metales en España quedará totalmente prohibida.
La principal causa es la clandestinidad en que se
ven obligados a moverse los detectoaficionados, debido a la alegalidad de
dicha afición y a la natural predisposición que sienten los agentes de la
autoridad de nuestro país a amenazar, requisar los equipos y a denunciarles
a pesar de no existir ninguna ley que prohiba el uso de un detector de
metales fuera de un yacimiento arqueológico. Es por ello que la unión de los
detectoaficionados a nivel nacional se plantea complicada, ya que la mayoría
prefieren detectar en las sombras y lejos de miradas inquisitivas antes de
perder su equipo o arriesgarse a una denuncia que nunca se sabe como
acabará.
La mejor propaganda que se puede hacer
de cara a mejorar la imagen de esa afición es la que los mismos
detectoristas podían hacer:
- Pidiendo permiso a los dueños del
campo en el que piensa detectar y respetando su negativa si esta se produce.
- Tapando SIEMPRE los agujeros que se
hagan.
- Retirando toda la basura de campos y
playas detectadas.
- Evitando religiosamente los
yacimientos arqueológicos -hasta los que no están señalizados como tales-
y sus zonas próximas.
- Evitando enfrentamientos dialécticos
innecesarios con los agentes de las fuerzas de orden público , que además de
no conducir a nada positivo, pueden acabar mal.
- Haciendo propaganda de su afición entre sus
amistades.
- Imitando el ejemplo de varias
comunidades (Andalucía, Castilla-León, Extremadura,...) donde ya existen
asociaciones de detectoaficionados, algunas de las cuales muy bien
organizadas. Creo que no es complicado el tener una cobertura "legal" para
crear estas asociaciones ya que basta con reunir un mínimo de personas
(Presidente, vicepresidente, secretario, tesorero y un par de vocales) que
formen una junta, solicitar los impresos correspondientes en la Consejería
de Cultura y deportes de la Comunidad correspondiente (son los mismos que se
usan para dar de alta cualquier asociación cultural o deportiva sin ánimo de
lucro) y presentarlos una vez rellenos en el registro de entrada de dicha
Consejería. Pienso por ello que si esta práctica se difundiera por toda
nuestra geografía, no sería excesivamente complicado solicitar al Ministerio
de Cultura la creación de una Federación Española de Detectoaficionados, que
gozaría de los mismos derechos y obligaciones que la Federación Española de
Hockey, Ajedrez, Montañismo, etc.. Cada socio federado dispondría de una
licencia anual renovable, un seguro, un carnet e incluso se podrían impartir
(por qué no?) cursos de formación para los nuevos aficionados.
Se podría completar lo anterior con los
siguientes puntos:
1) Prohibición total de la búsqueda
para los detectoaficionados en zonas declaradas como yacimientos
arqueológicos sin autorización previa. Y multas máximas para los que no
respeten esta norma.
2) Obligatoriedad de
declarar el hallazgo de todas las piezas antiguas encontradas así como el
lugar donde fueron halladas con el fin de crear un registro informatizado
que fuese accesible para TODOS (no sólo para los elegidos de turno). Cada
pieza quedaría identificada por un código propio y único para siempre
(podría ser un código de barras). En principio la pieza quedaría en
propiedad del que la hallase a menos que el Ayuntamiento donde se efectúe el
hallazgo, la Comunidad Autónoma respectiva o el Gobierno de la Nación
declarasen la pieza como "de especial interés museístico o histórico" con lo
cual se iniciaría un procedimiento de expropiación o venta forzosa al
Organismo correspondiente, el cual debería de pagar en un plazo breve (a
nadie le interesaría que la indemnización la cobrasen sus nietos) una
indemnización económica al hallador de la pieza acorde con su valor real. El
resto de piezas quedarían en poder del que las hallase, pudiendo venderlas,
regalarlas, donarlas o comérselas si quiere, siempre y cuando notificase las
transacciones efectuadas en el registro antes mencionado para no perder la
pista de la pieza. También estaría obligado a comunicar su deterioro, robo o
extravío. Asimismo el propietario de la pieza estaría obligado a mostrarla o
cederla temporalmente si fuera necesario para su estudio científico.
De este modo se conseguiría:
1) Una localización precisa en todo
momento de cada pieza, lo cual facilitaría enormemente la labor de los
investigadores.
2) Se combatiría la nefasta imagen de
"clandestinos" y expoliadores que actualmente tenemos los
detectoaficionados.
3) El mercado negro de piezas
arqueológicas tendería a desaparecer, ya que pocas personas se arriesgarían
a comprar una pieza que no tuviese su correspondiente código identificativo,
sabiendo además que no podrían tampoco exhibirla públicamente ni comerciar
legalmente con ella con posterioridad.
4) Los fondos museístico del país se
enriquecerían con piezas escogidas que de otro modo jamás verían la luz ni
podrían ser admiradas ni estudiadas por nadie.
5) Por fin los detectoaficionados
podrían buscar tranquilamente y a plena luz del día sin temer que nos
denuncien, nos confisquen el equipo o hagan un registro "sorpresa" en
nuestros domicilios.
Criticando los puntos anteriores
encontramos estos dos inconvenientes:
1º- Desgraciadamente, a los arqueólogos la información histórica que les
aporta una pieza determinada no es lo único que les interesa:
El substrato en el que esa pieza se encuentra y los materiales de su
entorno, incluso la disposición de estos en algunos casos, también les
brinda un caudal de información de, en muchas ocasiones, extremada
importancia.
Así pues, lo que yo sugiero, la única finalidad que tiene es reducir la
perdida de información al máximo... pero aún así hay que ser muy
conscientes de que cada vez que extraemos una pieza sin utilizar una
metodología arqueológica estricta estamos hurtando a la ciencia un cierto
volumen de información.
2º- Lo de la carta explicativa adicional puede estar bien, pero sólo a
titulo testimonial, pues sin conocer al autor no le puede la Administración
compensar.
3º- No es exacto que exista una ley que permita compensar económicamente
al autor de un hallazgo, si ese hallazgo no se produce de una forma
"casual".
Se prima al que, quizás con pleno conocimiento de causa, quizás sin el,
mete la pala del bulldozer, destroza un yacimiento, y encuentra un tesorillo
o una obra de arte, quizás irremisiblemente dañada en el proceso de su
hallazgo "casual" (Ciertamente, algunos lo son.... pero menos de los que en
justicia cabría suponer)... mientras que se penaliza al que utiliza su
inteligencia y su capacidad investigadora, sus conocimientos y la inversión
en costosos equipos, para descubrir la localización de alguna valiosa pieza.
Ciertamente, si se pagase no sólo por las piezas encontradas, si no por
las posteriormente extraídas con métodos arqueológicos de los yacimientos
declarados, seguramente se preservaría la integridad de muchísimos
yacimientos que hoy en día no sólo son expoliados si no que,
desgraciadamente, en muchos casos, son asolados.
4º- Prohibición de detectar en las inmediaciones de yacimientos
arqueológicos:
Considero que precisamente en esas zonas es donde mayor aplicación puede
tener un detector de metales, y donde mayores aportaciones a la arqueología
y a la historia pueden producir nuestros hallazgos convenientemente
declarados:
Localizando piezas dispersas en las proximidades de yacimientos
arqueológicos que, por su dispersión, resultan inalcanzables para las
técnicas arqueológicas convencionales y quedan condenadas a permanecer
ocultas a los ojos del mundo y la ciencia.
La aplicación de detectores en estas áreas, si no es realizada por
equipos arqueológicos, podría serlo por detectoaficionados, y si las piezas
procedentes de estas zonas próximas a grandes yacimientos se declarasen, es
indudable que no sólo brindarían más información sobre el yacimiento en si
mismo, si no también sobre algunos sucesos ocurridos en su entorno, cómo,
por ejemplo, batallas, que en la actualidad pueden permanecer ignotos.
Otra consecuencia de esto sería también el "descubrimiento" de pequeños
yacimientos anexos al original hoy en día desconocidos, o el hallazgo de
zonas "calientes" con gran densidad de objetos, cómo podría suceder en las
áreas donde se han producido batallas o donde ha habido mercados, por
ejemplo, que quizás mereciesen y permitiesen un estudio arqueológico con la
metodología convencional.
5º- Respecto a la "tasa" por pieza, claro está que a ninguno nos gusta
pagar más impuestos y tasas de los que ya, desgraciadamente, nos vemos
obligados a pagar.
Sin embargo, considero que esa idea podría entroncar perfectamente con
las necesidades de los arqueólogos de este país, siempre carentes de
suficientes fondos para ejecutar las necesarias excavaciones de los diversos
yacimientos.
Si fuese así y la parte de esa tasa que no se emplease en sustentar la
estructura administrativa necesaria para fichar y mantener el seguimiento de
la totalidad de las piezas fuese a ir destinada a la financiación de
estudios arqueológicos, soy de la opinión de que sería posible conseguir que
detectoaficionados y arqueólogos creásemos un frente común ante la
administración, lo que, a su vez, seguramente propiciaría el que ambos
colectivos nos conociésemos mejor y limásemos diferencias e, incluso, ¿por
qué no? comenzásemos a colaborar en serio para nuestro común beneficio.
Por otra parte, la administración, cómo es bien sabido, siempre ve con
buenos ojos cualquier propuesta que pueda incrementar su recaudación... o
que se pueda ejecutar sin detraer partidas presupuestarias ya adjudicadas
para otros fines. Y si, además, puede incrementar alguna de esas partidas e
incluso liberar fondos actualmente destinados a ellas que puedan ser
utilizados otros menesteres, pues mejor que mejor.
Del artículo de INTERVIU, julio-agosto 2006,
"Denuncian el abandono de Cástulo, Linares en Jaén":
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